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Este restaurante es un poco especial, pues se dedican principalmente a vender las cosas que producen ellos mismos en su finca de Burgos. Basado en los elaborados del buey wagyu, pero también con perdices rojas y vino ecológico. Dentro de la oferta gastronómica de Bilbao es un lugar un poco diferente y por eso nos animamos a visitarlo, con un resultado bastante aceptable.
Noviembre/2011 El local está puesto moderno, con mesas correctas y a una separación entre justa y normal, dependiendo de zonas. Podía ser más amplio, y cuidar más el servicio de mesa, pues no pegan los manteles individuales de papel con el nivel de precio de la comida. Además para los fumadores o gente con ganas de tomar el fresco cuenta con una gran terraza. También es de agradecer un servicio agradable y competente. La carta de vinos es prácticamente inexistente, dado que se limitan a vender sus vinos (y unas pocas cervezas). Así cuentan -aparte de blanco y rosado- con varios tintos: desde un joven hasta unos tipo "reserva" (que no dicen que lo sean) de diferentes añadas. Por 10€ pedimos el "crianza" (Garmendia envejecido en barrica 2005) que no está mal de relacion C/P, aunque teniendo en cuenta las carnes que se precian de vender (y sus precios), considero imprescindible que tuvieran vinos de otras bodegas (y calidades). En cuanto a la carta de comida, como he dicho están limitados los segundos a elaboraciones del buey Wagyu: desde chuleta o solomillo lasta hamburguesas variadas, pasando por alguna otra cosa como roast-beef o brocheta. Los primeros son más variados, interviniendo -además del wagyu- también la perdiz roja en varios de ellos. Comenzamos la comida con la Caña de Wagyu. Una especie de cecina hecha con una pieza que recuerda el lomo, que presentaron con unas tostas de pan con tomate. Ración grande (pedimos 100 gr., pero se puede pedir media ración, que para 2 y con más platos como pedimos habría sido suficiente). Carne muy rica y sabrosa, con un punto de curación perfecto, y que nada tiene que envidiar a muchísimos lomos ibéricos. Totalmente aconsejable. Después una Ensalada de perdiz. Con lechugas variadas, tomatitos cherry, frutos secos y perdiz escabechada desmigada. También buena cantidad, muy sabrosa y con una vinagreta hecha con el propio líquido del escabeche de la perdiz que estaba estupenda. Para segundos no nos animamos a pedir carne en pieza a la parrilla, en parte por el alto precio (65€ el lomo para dos personas), en parte por no tener un vino que la acompañe decentemente, y nos decantamos por platos más "populares". Por un lado una Hamburguesa De Santa Rosalía, que aunque anunciaban que venía con aros de cebolla a la parrilla, lo que tenía era cebolla de esa que venden en trocitos prefrita, además de un queso crema y unas pocas patatas fritas. Justo acompañamiento, y una carne que ni era mucha ni me pareció del nivel que se espera del wagyu. Rica, sí, pero con baja relación C/P. Y por otro lado Henar prefirió para segundo un Carpaccio de Wagyu con virutas de Parmesano. Acompañado también con hojas de rúcula, y en este caso bien de cantidad y calidad. De postre solo pedimos una Crema tostada, que era como una crema catalana pero con la crema blanca (supongo que sin huevo), suave y rica. Al final la comida en el restaurante De Santa Rosalía no salió cara, pero porque pedimos platos "de segunda", que si te tiras al chuletón o el lomo ya se pone en precios medio-altos. La calidad es correcta, aunque las elaboraciones del Wagyu que tienen de segundo no merecen el precio, y falla estrepitosamente en ofrecer solamente sus vinos, que no están a la altura de una carne de pedigrí. O sea: para comer sin pretensiones y no muy a menudo, dada su escasa oferta.
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