|
Uno de los últimos restaurantes vizcainos con estrella que nos faltaba por visitar, pero del que teníamos varias referencias personales excelentes (que siempre nos fiamos más que de las guías), al final aprovechamos un sábado que celebrábamos algo para acercarnos. Nos ha costado ir, pero creo que no nos costará nada volver, pues el recuerdo de la excelente comida (y atención recibida) siempre nos tirará fuerte y nos hará superar el problema de tener que cojer el coche.
Restaurante Boroa Caserio Garai, 11 (barrio Boroa) 48340 Amorebieta - Bizkaia telefono: 946.734.747 | |
Abril/2011 Nos encontramos el restaurante un poco apartado del pueblo, en un gran caserío restaurado, rodeado de jardines y con un aparcamiento privado grande. Imprescindible seguir las indicaciones en su web o el GPS. Sitio muy bonito, con buenas vistas, y posibilidad de dar un paseo antes o después de comer. Al entrar en el restaurante nos asustamos un poco: tiene muchos comedores y parecían bastante llenos, y además estaba llegando gente como para una boda. Para nuestra sorpresa luego todo eso no se notó en absoluto: ni en el servicio ni en la cocina. Algo para tomar nota en muchos sitios, que si les llegan 4 mesas a la vez ya se ahogan. El interior del restaurante sigue la tónica del exterior, es decir: decoración clásica vasca. Correcta y agradable, aunque yo prefiero la decoración algo más moderna. Antes de meterme con las cartas, repetir que el servicio estuvo muy bien, tanto la encargada cono una camarera encantadora que nos atendió en todo momento. Y ya vamos a la comida... carta amplia, con bastantes platos servidos en medias raciones. Cara, pero (por lo que pudimos observar) con raciones correctas. Bastantes primeros y tanto pescados como carnes con una variación mayor de lo habitual. Y mezclando tanto platos clásicos como variaciones más modernitas de algunos conocidos, con algún despunte brillante. Pero... vimos tanta cosa que al final nos tiramos por el menú degustación: 60€ + IVA y vino, con 8 platos (+café +aperitivo + postaperitivo) que tendían a ser del tipo que nos gusta: maridajes y combinaciones diferentes de cosas de siempre. En cuanto a la carta de vinos, nada que objetar: bien presentada, muy amplia, con precios muy correctos. Pedimos un Les Terrases del 2007, un vino que hacía tiempo que no probábamos y nos gustó mucho y acompañó muy bien a la comida. Potente en aromas pero no atacante, con buena persistencia... y a un precio casi regalado. Nos ofrecieron tres tipos de (buen) pan para elegir: blanco, integral y de maíz. Algo que se va llevando, pero parece mentira cuantos restaurantes de "postín" de por aquí aún sacan un mal pan de media cocción. Luego un par de aperitivos, donde destacaba un simple chorizo a la sidra, ¡pero qué calidad! quedaban ganas de pedir una ración entera para comer con el pan de maíz... Y pasamos al menú degustación, como digo de 8 platos, en cantidades justitas (que no escasas, pues al final quedabas bien), servido con muy buen cálculo de tiempo, sin esperas largas entre plato y plato: Milhojas de foie y "Grand Smith" con crema de cebolleta caramelizada. Casi un aperitivo por la cantidad, y de lo que menos nos gustó de la comida, pues era una especie de mousse de foie (debería ser foie "de verdad") sobre una lámina de manzana cruda. Rico, pero mejorable para mi gusto. Centolla de lira sin trabajo sobre cuajada de puerro con su caparazón de txangurro. En dos palabras: impresionante y exquisita. Hay que ver la foto para entender lo que es. Sobre una base templada de patata y puerro, un desmigado de centolla, y un falso caparazón hecho con una fina capa de txangurro helado, completado con dos ojos y dos pinzitas para simular un centollito. Exquisita combinación de temperaturas y sabores, con una presentación impresionante. Pasta fresca salteada con camarones en bullabesa de bogavante y brunoise de verduritas. Original conjunción de pasta con las verduritas y el contrapunto de los camarones y unas lascas de bogavante, sobre un fondo de sopa de pescado. Muy rico, aunque tuvimos diferencia de opinión entre nosotros. Mollejitas glaseadas, corte de manitas y hongos al gratín y matices acidulados. Pues todo eso... una original conjunción de los tres productos, con un toque de hilos de corteza de naranja que daban un contraste agradable. Lomos de salmonete al carbón de encina en su jugo con buñuelos de patata a la pimienta rosa. Un plato sencillo, con un fondo de crema de pescado, dos lomos desespinados y perfectamente hechos, acompañados por unos pequeñitos buñuelos aromatizados con unas escamas de pimienta. Sobre plato caliente (como todos los que lo necesitaban) y francamente sabroso. Paleta de cordero rellena de manzanas de canela con crema fina de ajo y babatxikis. Sorprendente rollo de carne relleno con una especie de compota aromatizada con canela, nada dulce, que (ante mi sorpresa) no solo acompañaba excelentemente a la carne sino que le daba un aroma y una jugosidad extraordinaria, aderezado con un fondo de su jugo y un poco de crema de patata aromatizada con ajo. Para mí lo segundo mejor de la comida. Gelatina de kiwi con helado de queso. Aquí pinchamos un poco, pues la gelatina estaba extraña, aunque el helado muy rico. Chocolates en texturas. Una tira de crema de chocolate, intercalado con diferentes presentaciones y elaboraciones muy diferentes de chocolates negros y blancos. Todo para comer y disfrutar. Finalizamos con un café (incluido en el menú) y unos chupitos de patxarán casero muy rico, con un par de dulces que dejamos para no saturarnos. Así que terminamos encantados. Después de disfrutar de una excelente comida, con platos complejos de combinaciones muy bien resueltas (aunque con altibajos, como es normal), en un bonito entorno, y complementado con un servicio de lo más agradable. Anotamos el restaurante Boroa para volver y aconsejar a gente que busque comida de calidad en el punto exacto de modernez sin extravagancias.
|