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Después de algún tiempo de tener abierto el Bitoque original, sus dueños se propusieron ampliar el negocio, y cogieron un nuevo local en la plaza de Albia. Un sitio mucho más amplio y donde ya podían tener un comedor como tal. Teníamos muy buenas referencias (propias y ajenas) por la cocina de pinchos que practicaban en el primero. Lo malo es que ahora en el "gastrobar" (como lo llaman ellos) siguen siendo casi pinchos lo que ponen, pero muchísimo más caro, y con poco interés en sus elaboraciones.
Febrero/2011 El local es sobre todo un bar, con una barra y una zona de mesitas para tomar pinchos, pero tiene un bajo que es lo que han habilitado como restaurante, con 6-8 mesas. Decoracion moderna un poco recargada, mesas pequeñas y, aunque no estaba lleno, mucho ruido (de la gente de las mesas, que no del bar). En su página web pone que tienen "menú del día" y "carta" (aunque ésta parece más otro menú, simplemente con más opciones y más caro), pero realmente parece que para comer entre semana (fuimos un viernes a mediodía) solo existe el menú del día, pues es lo único que nos dieron. Un menú de 23€+IVA que además parece ser que no cambian muy a menudo (hace varias semanas que fuimos y sigue idéntico). El servicio es correcto, pero poco comunicativo. Y en la cocina se mueven a buen ritmo, cosa nada difícil teniendo en cuenta que todo el mundo come lo mismo. El citado menú tiene 4 platos para elegir de primero y otros tantos de segundo. Dentro del mismo está incluido el vino. Un vino correcto pero muy barato: Infinitus, en cualquiera de sus variedades. Nosotros elegimos el merlot, que está bien de RCP. Después de un miniaperitivo con 1/2 chupito de crema de verduras, pasamos ya a los platos, que como casi siempre pedimos distintos, para probar de cada uno la mitad: - Langostinos en tempura con espuma de soja y lima. Peor calidad de langostinos creo que no había comido en mi vida: pequeños, pastosos, sin sabor, con tripa... y encima no eran en tempura, sino empanados. 6 langostinos enanos, un poquito de ensalada, y un bol pequeño de ¿espuma? parecía mahonesa aromatizada, para untar. - Risotto negro de chipironcitos, quesos y cebollino. Que no era risotto, sino un arroz negro vulgar, con arroz de grano largo, pasado y pastoso, que más parecía meclado a posteriori con salsa de chipirón. Completado con algún trocito de chipirón, y unas lascas de queso y un poco de alioli tirado por encima. También de suspenso. - Chipirones con crema de cebolletas y aire de sus tintas. Un par de pinchos, más o menos, pues eran 7 chipirones enanos, evidentemente descongelados, pasados por la plancha y mal acompañados por lo dicho: el aire un mero adorno, y la crema prescindible. - Papada de cerdo ibérico crujiente con crema melosa de alubia. Parecía hecha a baja temperatura y pasada por la plancha para dorarla. Posiblemente lo más rico de la comida, aunque también en cantidad rácana. Acompañada por cantidad de algo que más parecía puré de patata, y una corteza grande frita (que parecía de paquete), con la mala suerte que la dejan encima del puré y la mitad estaba reblandecida. - Arroz con leche caramelizado. Demasiado caldoso, caliente, y el caramelizado no aportaba gran cosa. - Brownie con chocolate cremoso. También caliente, con algo que más parecía una espuma de nata, y justamente correcto. Depués del postre sacaron otro par de pijaditas para picar, que ahí se quedaron, y no porque estuviésemos llenos, desde luego. En resumen: si quieres ir al Bitoque de Albia vete a comer pinchos arriba, ni se te ocurra ir al "restaurante" porque la comida es escasa de cantidad y calidad, y cara para ser un menú del día (comparado con otros sitios similares).
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