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Desde hace muchos años el Goizeko Kabi era uno de los referentes en Bilbao en cuanto a cocina clásica de calidad. Pero hace ya unos pocos cambió de gerencia (y de nombre), pero manteniendo todo exactamente igual que antes, desde la decoración hasta el personal. Hacía muchísimo que no habíamos ido, aunque guardábamos buen recuerdo de este restaurante. Y nuestra experiencia ha sido muy positiva en todos los aspectos, incluso mejor de lo que esperábamos. --- RESTAURANTE CERRADO A FINALES DEL 2011 ---
Septiembre/2010 El restaurante tiene dos pisos, siendo el de arriba un poco más incómodo (más funcional y con techos bajos), pero esta vez nos tocó abajo: decoración clásica, agradable, Mesas grandes (una de 4 para 2, pero incluso amplia para 4). El servicio atento y profesional, y numeroso (en parte al estar sin ocupar el otro comedor). La carta es correcta, bastante más de primeros tanto fríos como calientes, pero en general cosas suficientes (y atractivas) para elegir, en plan más bien de comida clásica (que no tradicional) con algunos toques modernos, pero sin extremos: ni experimentos raros ni cosas vulgares. La carta de vinos en cambio flojea: bastantes cosas de Rioja y muy pocas de otras denominaciones, de nivel un poco superior a la media y precio un poco elevado. Bebimos un Ribera roble: Pruno, de finca Villacreces, correcto pero caro. Como en la mayoría de los sitios, al pedir para compartir, los dos primeros platos los sacaron emplatados por separado. Y no tardaron mucho en empezar a servir: Corona de txangurro con sopa de gazpacho. Sobre una base de patata cocida una buena cantidad de txangurro en su elaboración tradicional, templado, rodeado de un gazpacho caldoso y con un langostino a la plancha encima. Al principio chocaba un poco pero según lo probabas te iba gustando la combinación. Risotto de hongos y setas. Un plato consistente, muy caliente y cremoso, con algo de salsa por encima. Quizás demasiado rústico el conjunto, sabroso y potente pero falto de sutileza o de conjuntar con algo. Abanico de entrecotte a la mostaza con foie. Un plato que yo recordaba de haber comido ya hace 15 años o más, y que no me defraudó (salvo que no estaba con forma de abanico como antes). Consistía en un buen trozo de entrecotte hecho a la brasa, fileteado, con una muy especial salsa de mostaza, en cantidad y muy bien conjuntada con la carne, y un par de escalopes de foie por encima. Volvería a repetir. Noisettes de solomillo con salsa de hongos. Unos hermosos trozos de solomillo envueltos en bacón y salteados, con la salsa indicada. Quizás el plato que más nos gustó, no solo por el buen punto de hechura del solomillo y lo bien que le pegaba la salsa (muy sabrosa), sino además porque la calidad de la carne era excepcional, con un sabor como haciá tiempo que no probábamos. De postre no podía falta la especialidad de la casa: Helado de pan de centeno. Un plato recomendable por lo diferente y sabroso. Buena cantidad de helado y con unas tejas caramelizadas que le contrastaban muy agradablemente. El único punto negativo es que en la carta cobraron "varios y pan 4,50€", cuando ni sacaron aperitivo ni ningún detalle, y el pan fuero solo dos panecillos. Pero obviando ese desliz, nuestra experiencia en el restaurante Gure Kide ha sido memorable: excelente comida clásica con toques modernizados, buen servicio, y un precio acorde con lo comido lo hacen digno de repetir en breve y recomendar sin dudas.
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