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Puestos a investigar restaurantes en ciudades cercanas a Bilbao, éste en seguida nos dió al ojo, pues leímos buenos comentarios, sale bien en las guías, y la carta que tienen en su web nos atrajo bastante. Aunque como muchas veces, del dicho al hecho va un gran trecho, y nuestras expectativas salieron defraudadas, en gran parte debido a la mala atención general, pero también por la calidad de comida, variable entre deficiente y buena.
Julio/2010 El restaurante está en la zona vieja de Donostia, un poco apartado de la zona de bares más común, pero cerca y fácil de llegar. El interior es moderno, decoración sencilla predominando el blanco, con suelo como de barro. El comedor tiene mesas amplias, pero de varios tamaños, y ahí -nada más entrar- empezó la mala atención: la encargada nos mandó colocar en una mesa de 2, justo al lado del paso hacia el servicio. Todo un detalle, pues al final llenaron 4 mesas de 2 personas (menos de un tercio del aforo), de las cuales 3 teníamos reserva. Pues bien: salvo unos enchufados que les pusieron en mesa redonda y cerca de la ventana, al resto nos tocó en mesa pequeña de 2, dejando todas las mesas un poco más amplias (o mejor situadas) vacías. ¿para dárselas a los que vinieran sin reserva? ¡una buena politica, desde luego! Siguiendo con el servicio: la encargada estaba ausente, salvo para tomar nota y cobrar. Y el camarero foráneo hacía lo que podía pero tampoco muy motivado, tiraba los platos y cubiertos de mala manera en la mesa, y cuando cantaba el contenido de un plato de carrerilla no se le entendía la mitad. Pero vamos a la comida: carta correcta, con cosas atrayentes, aunque luego comprobamos que no cumplían para nada lo que decía con lo que servían. Carta de vinos justita, amplia pero ecléctica, con muchas referencias que les faltaban (casualidad la primera que pedimos no tenían, pero ya se veía en la cava que no había sitio para tantas). Al final bebimos un vino de la tierra de Madrid de coupage: El Regajal. Muy bien el vino, pero servido en copas de vino blanco, y llenándolas hasta casi arriba, increíble. Cuando dijimos que compartiríamos los platos la encargada nos sorprendió preguntando si ponían 2 medias raciones. Ante nuestro desconcierto nos aclaró que tendría sobre-precio. Otro detallazo, algo que no nos había pasado desde hace muchos años ni en los mejores ni en los peores restaurantes. Así que le dijimos que ya nos repartiríamos nosotros los platos... Empezaron sacando un par de aperitivos: el primero era compartido y tenía una crema de queso con unos grisines revenidos, asquerosos. Mientras que el segundo era un tataki de bonito muy rico. Y ya pasamos a los platos... Pulpo asado con velo de tocino Ibérico, mango y ensalada de hierbas. Que no era ensalada de hierbas, sino de lechugas, con el velo de tocino que ni se notaba (posiblemente ni fuera ibérico) y el pulpo simplemente calentado, ni muy sabroso ni muy hecho, con muy poco sabor, y sobre una base de una especie de puré de patata morado (les faltaba esa línea en la carta, pena!) que tampoco aportaba nada. Un plato muy atrayente en teoría pero muy deficiente en elaboración. Pichón de Bresse con salteado de ajos tiernos, canela y arena de frutos secos. Lo último de adorno, casi ni se veía. El salteado de ajos al dente muy rico, y el pichón bien hecho (o sea sangrante) y muy sabroso. Esta vez sí era un buen producto, bien elaborado, y bien conjuntado (quitando la "arena"). Paletilla de Cordero lechal deshuesada con sus mollejas, hongos y verduras. La paletilla hecha a baja temperatura como es moda total ahora. Con la piel dorada y rico. Le faltaba algo más de salsa. Y una base de verduras, acompañado de los trocitos de hongo y mollejas salteadas como prometía. Solo le sobraba la cantidad de cristales de sal que le habían echado por encima. Pero muy correcto. Torrijas caramelizadas con fresas naturales y sorbete de yogurt griego y azahar. Que ni tenía fresas sino melón, y al quejarnos -pues el melón no nos gusta- nos dijeron de malas maneras que no es temporada y que al pie de la carta pone que los platos pueden tener variaciones. Y el sorbete no era tal, sino helado (de vete a saber qué), y se derretía sobre el "plato" de pizarra. Y la torrija era un tocho enorme, reseco, ligeramente empapado en un simple almíbar y caramelizado. Incomestible: entre los 2 no nos lo pudimos terminar. Para rematar la comida regularceja en el restaurante Kokotxa y el mal servicio general, la encargada fué incapaz de pasar la tarjeta a la hora de pagar. No le funcionaba el datáfono bien y no leía el chip. Y después de probar con todas nuestras tarjetas, dijo que llamaba al centro de autorizaciones para que se la dieran y que no se la autorizaban. Nos empezaron a tratar casi como a delincuentes, pero "casualmente" a la segunda (con nosotros delante para que viéramos como lo hacían y se la rechazaban) les aceptaron normalmente la tarjeta y les dieron autorización. Ni se disculparon ni nada, y nos despidieron de malas maneras. Así que ni volveremos al restaurante Kokotxa, ni podemos recomendarlo a nadie. El trato es malísimo, y la comida deficiente o buena, al azar. Claro que ellos ya sabrán a quienes tienen que tratar bien para salir en las guías...
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