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Efectivamente, después del comentario de nuestro visitante Iñaki, comprobamos que éste restaurante ha cambiado de dueños recientemente (julio/2010), y por lo tanto la crítica anterior al Kalaka (a secas) no se aplicaba al actual restaurante. Así que un día al final hemos realizado la visita, para ver qué tal se desenvolvían los nuevos dueños. Y el cambio ha sido a mejor, por bastante, aunque tenga sus defectos.
Mayo/2011 Una vuelta al restaurante nos ha demostrado que toman notas de sus deficiencias y procuran mejorar. Comenzando por la carta, ahora bastante mejor presentada, incluida mayor variación de vinos (de los cuales elegimos un Rioja Baigorri). En cuanto a la comida, también parece que se ha estabilizado. Pedimos todo para compartir, y lo sacaron al centro: Milhojas de berenjena con piperrada y láminas de bacalao. Rico, pero tibio, y quizás demasiada salsa variada (pil-pil y vizcaina). Chipirones fritos con pimientos verdes. Unos chipironcitos rellenos con sus patitas, empanados y perfectamente fritos (y bien calientes) con unos pimientos verdes y un toque de refrito de ajos. Muy recomendable. Hongos con mollejas. Que realmente era al revés, pues había muchas más mollejas. Pero rico: bien hecho y bien conjuntado. Manitas rebozadas a la vizcaina. Un plato que repetimos y nos gustó más que la otra vez. La salsa rica, y quizás mejor integrada con las manitas. Tostadas. Que aquí pincharon, pues estaban mal resueltas, y mal acompañadas por helado y nata. Como conclusión de nuestra revisita, hemos observado una mejor integración de los platos, con algunas propuestas muy atrayentes, sobre todo en primeros. Con lo cual podemos volver sin dudas, pues a esto hay que sumar unos precios módicos.
Octubre/2010 El local al menos ha mejorado notablemente en un aspecto: ahora a la entrada hay unas butacas de recepción. Un gran acierto quitar las incómodas mesas que había antes en esa zona! El resto sigue igual, aunque quizás un poco más separadas las mesas. La carta también está transformada. Siguen siendo cosas clásicas pero en otro plan, con poquitas cosas que despunten. Eso sí, de llorar el ver cómo la presentan: impresa en una blonda pegada en una bandeja de cartón, bastante rota por el uso. Tampoco el servicio (que no sabemos qué relación tienen con -o si son- los dueños) nos convenció. Mayores, con poca experiencia y/o poco diligentes. Pero amables, eso sí. La carta de vinos, justita, con dos apartados: "vinos tintos" donde vienen todo Riojas, y "otros vinos" donde vienen unos cuantos de otras denominaciones. Curioso. Al final bebimos un Legaris crianza del 2007, de Ribera, a un precio módico y correcto. Después de un aperitivo de bloc de foie caramelizado (prescindible) pasamos a los platos, que intentamos pedir tanto algo clásico como diferente. Como siempre pedimos todo para compartir, y nos lo sacaron todo al centro. Y con el detalle de poco nivel de tener el mismo adorno en todos los platos, y la misma guarnición en los dos segundos. Empezamos por un Carpaccio de bonito. Bien frío, hecho con bastante limón, y quizás escaso de aceite, se veía marinado por fuera con especias, y nos gustó bastante. Luego una sorprendente Menestra de verduras, con sus variadas verduritas rebozadas, una salsa sabrosilla, y otras pocas sin rebozar (incluso unas vainas "al dente"). Con el detalle de que las verduras rebozadas estaban echadas en el último momento y no se habían empapado de la salsa. Muy recomendable. Los segundos bajaron, empezando por un Bacalao al club Ranero que no era tal, pues era un bacalao (probablemente hecho al vapor) con pisto por encima. Le faltaba el pilpil ligado... aunque aún así estaba comestible. Pero no es lo que anuncian, claro. Después unas Manitas de cerdo rebozadas a la Vizcaína. Que estaban cortadas en mitades, semideshuesadas, y rebozadas así de grande (y con los huesos), y la salsa tirada por encima, que no era mala pero tampoco para echar cohetes, pero faltaba de integrarse los componentes, algo fundamental en este tipo de platos. Poco recomendable. De postre había cosas bastante típicas, y poco atrayentes (para nosotros), así que pasamos. Como conclusión del nuevo restaurante Kalaka-Whisky Viejo nos encontramos con una diferencia alta de nivel entre el local y el tipo de comida y la clase del servicio y de la cocina. Aunque mucho mejor que el anterior en casi todos los aspectos. Habrá que vigilar su evolución.
(comentario al restaurante anterior "Kalaka") Marzo/2010 Este restaurante lo ha montado Eneko Atxa con su grupo (Azurmendi, 1 estrellita del gordo) para intentar recuperar la cocina clásica, en contrapunto del vanguardismo que ha mantenido en su laboratorio (perdón, cocina) del restaurante citado. Fuimos con buenas esperanzas, pero ya desde el principio vimos que las cosas no iban a ser como prometían... El local tiene una pasable decoración modernista, con distribución muy desigual, en varias zonas incluyendo varias mesas justo en el pasillo de entrada, vamos: que si te toca una de esas en invierno harás de portero y pasarás frío. Por cierto nadie nos atendió al entrar, hubo que buscar un camarero y esperar que librase. En la mesita que nos tocó (justa de tamaño pero a buena distancia de las adyacentes) tenían colocado el menú degustación y la minicarta de vinos. Tan minicarta que tuve que preguntar si no tenían otra "de verdad". Pues no! hay que limitarse a una relación (en total) de dos medios folios con solo 5 blancos (4 de ellos txakolis, el otro uno riojano) y como una docena de tintos de Rioja (¿no saben que existen otras denominaciones?) de los cuales la gran mayoría eran de la misma bodega (que parece ser que es uno de los socios en el negocio): Baigorri. Así que después de "decidir" que bebíamos Rioja crianza (Baigorri 2005, correcto), pasamos a la carta... Justa, justísima, corriente y sosa: De pescado merluza, bacalao y chipirones. De carne 4 platos, incluyendo chuleta y 3 guisos. Y de primero cosas vulgares poco atrayentes. Ah! y en general caros. Dentro de lo poco que había pedimos para comenzar mollejas de cordero. Ración maja, simplemente empanadas (nada de aromáticos o acompañamientos). Correctas pero caras para lo que eran. Luego Bacalao a la vizcaina. Que sacaron repartido, pero parecía mojama de bacalao por lo reseco y correoso, con una salsa demasiado potente de choricero, pero muy salado (al ser 2 rodajas de lomo grueso no se había desalado bien). De los peores que hemos comido en tiempo. Seguimos con Carrillera de ternera. Sin florituras, claro: justo un poco de su salsita y otro poco de puré de patata de ese que sale chicloso al hacerlo con batidora. Y no mucha cantidad de carne, sería de ternera pequeña. Se me olvidaba decir que el pan era infumable (unas rodajas de una barra de lo más corriente) y el servicio estaba totalmente despistado, se notaba que no había pasado por ningún tipo de escuela antes de trabajar allí y no sabía ni que tenía que recoger los cubiertos con el plato. Para postre nos atrevimos a pedir una ración de queso de Idiazabal y de Carranza, que sacaron en una bonita piedra de pizarra (pero rota y magullada) que estaban correctos, aunque el de Carranza demasiado seco, y venían acompañados por un mal dulce de membrillo y unas pocas nueces. El único plato que venía con una "guarnición", pero que sobraba por lo mala. Resumen del restaurante Kalaka: calidad de comida baja dentro de una oferta escasa. Carta de vinos inexistente, servicio deficiente y platos sin un mínimo gasto en presentación (que los cobran bien). De no repetir.
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