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Después de algo más de 2 años de nuestra primera visita, y visto que sigue habiendo críticas muy variadas sobre este restaurante, aunque muchas muy positivas, al fin hemos encontrado un hueco para volver. Desde luego nuestra experiencia no podemos calificarla de negativa esta vez, pero aún así seguimos sin verle ningún mérito al sitio.
Mayo/2011 El local no ha cambiado nada, así que todo lo dicho en el anterior comentario vale, incluido el personal. Tampoco ha cambiado lo de tener menú único, aunque sí, como era de esperar, el precio (que ha subido a 52€), mientras la calidad del mismo (en cuanto al nivel de producto) ha bajado. Ahora ofrecen un menú de maridaje de vinos (que no nos pareció muy atrayente), por un suplemento de 20€ sobre el menú. En vista de que casi todos los platos se veían con pinta de ser suaves, al final nos decantamos (dentro de una carta variada pero cara) por un cava Privat Laietà, que cumplió sobradamente. Después de untar un poco de aceite como aperitivo (cun un buen pan) pasamos al menú: La cebolla morada de Zalla. La única sorpresa del menú, pues eran 4 o 5 diferentes elaboraciones hechas con cebolla. Un buen ejercicio para una clase de cocina. Estaba rico, claro que como no te guste la cebolla lo tienes crudo... (y eso que dicen que la cebolla es muy buena para la salud ;) ) Conejo escabechado con foie a la sal. Una lámina finísima de un foie casi crudo, con unas virutas de conejo (hecho para gustos, ahí discrepamos) y un fondo de salsa de pimiento choricero que mataba al resto. Kokotxa de bacalao sobre crema de patata y frutos secos. Posiblemente el plato más rico. Con un fondo de crema de patata muy fina, un golpe de salsa de carne que aportaba mucho sabor, y una kokotxa a la plancha. Terminabas untando el fondo pues la kokotxa se acababa en dos bocaos... Merluza acompañada de su jugo tostado. La simplicidad máxima: fondo de sopa de pescado, y un trozo de merluza, escasa hecha. Se echa en falta un poco más de originalidad... que el cocinero para otras cosas ya la muestra. Cabrito "Azpigorri" con hongos de temporada. Otro plato simple, con un poco de crema de manzana y unos poquitos hongos bajo un insípido cabrito (y para mi gusto duro). Crema de almendra amarga, lichi granizado y limón helado. O sea: un poco de helados variados. Curioso y sabroso, pero ya sabemos que los postres no es la especialidad de la casa. Chocolate con chiboust de Bourbon. Chocolate en diversas texturas, con unos discutibles daditos de gelatina de whisky. Como conclusión a esta segunda visita al restaurante Mina, hemos observado un mejor desarrollo de los platos, pero por contra una demasiada simplificación de algunos. El cocinero ha comprobado que no da para hacer las virguerías que intentaba antes y ha bajado sus ímpetus. Pero sigue el gran problema de no poder elegir nada, a cambio de un precio que no lo vale ni de lejos, así que nuestro consejo definitivo (y que nos aplicamos) es no volver.
Febrero/2009 Hacía tiempo que habíamos oido hablar de este restaurante. No nos decidíamos a ir porque no nos convencía ni la zona donde está, ni el plan de tener exclusivamente un menú degustación, ni el precio del mismo. Al final, después de más consejos, terminamos yendo. Craso error, pues nuestra visita al Mina confirmó nuestros temores, y no salimos a gusto. El local en sí está ubicado en una casa renovada, manteniendo caracteres antiguos junto con toques modernos de decoración. No es grande pero las mesas son amplias y bien separadas. El servicio es muy correcto. Es una pena que esté ubicado muy fuera del centro, en una zona problemática, al otro lado de la ría frente al famoso mercado de la Ribera. Una zona en que, según hacia donde te alejes, puedes observar un ambiente bastante "raro". Vamos, de no dejar ir a tus hijos por la noche. Para comer solo tienen un menú degustación de 7 platos (de 1/3 de ración o poco más), aunque te pueden cambiar alguno si no te gusta. El vino es aparte, aunque tienen una carta no muy amplia tiene referencias suficientemente variadas. Pedimos un Marqués de Griñón Syrah, muy correcto y a un precio normal. El pan no merece mayor comentario pues era de barra. Y paso a comentar los platos del menú, con sus nombres tal cual venían escritos: Ostra tibia con velouté de mar: La ostra estaba con una textura extraña (y de las dos una rica y la otra no), y con una falta de sabor natural y fresco. La velouté no la acompañaba y aparte de muchas cosas, tenía unas huevas de salmón que le tapaban el sabor. "Risotto" de begi haundi: Lo de las comillas tenía truco. Según nos dijo la camarera era un "falso risotto", pues no tenía arroz. Solo un desagradable engrudillo ligando unos taquitos de chipirón, falto de sabor y mal conjuntado con el resto de cositas que habían añadido (cebollino, remolacha, etc.). Morcilla cremosa, patata y frutos secos: Una especie de puding de morcilla, de sabor vulgar y textura no muy agradable, sobre una base de puré de patata, un trocito de pimiento rojo, y algo de pan seco y trocitos de frutos secos. Prescindible (Henar lo dejó entero, yo lo comí por no pasar hambre). Lubina acompañada de sopa de ajo y pisto: La lubina estaba rica (aunque escasa) pero el pisto era muy fuerte, y había demasiada cantidad, con lo cual mataba el sabor de la lubina. La sopa de ajo era un poco de espuma servida con sifón. No estaba malo pero tenían que invertir las cantidades y presentación de sopa y pisto. Pichón asado sobre guiso de cebada y crema de calabaza: Solamente pechugas, bien hechas al horno, aunque poco sabrosas. El problema fué la cebada, que no era de comer (por algo se la daban antes a los burros). Aportaba una textura desagradable de granos gordos pero insìpidos que mataban al resto. Pena de la salsa que podía ser un buen acompañamiento si no fuera por la cebada. La crema de calabaza era un mero adorno a un lado del plato. Para postres dos cosillas que no aportaban nada, elaboraciones simples con helado y otra cosa. No me molesto en comentar más: Merengue de piña con sorbete de hierbaluisa y Sabayón de azúcar moscovado con mandarina. En resumen: pienso que el cocinero tiene muchas ideas, pero le falta experiencia para poderlas expresar. Por otro lado, no es solo la justa calidad de la comida, también cuenta la mala ubicación del restaurante Mina, y el alto precio del único menú (49€+iva+vino), todo ello incompatible, con lo cual no podemos aconsejarlo.
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