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Nos ha costado bastante, por falta de tiempo y ganas, pero hemos repetido visita a este restaurante. Bien hay que decir que uno de los motivos de decidirnos es la noticia (poco comentada, y que nos costó corroborar) de que desde el verano pasado lo tutela Martín Berasategui. Ahora el restaurante lo han trasladado ya definitivamente a la terraza, aunque han adecentado algo la instalaciones. Y desde luego se nota el cambio en la cocina, al menos respecto a nuestra anterior visita.
Restaurante Beltz the Black Alda. Mazarredo, 61 ( Hotel Domine , terraza ) 48009 Bilbao telefono: 944.253.300 | |
Enero/2012 Para nosotros es un error que hayan cerrado el comedor en la planta baja, que estaba mucho mejor puesto y era más acogedor. Pero ya sabemos que a mucha gente le encanta comer o cenar en la terraza (al aire libre, incluso, en verano), y con las vistas del Guggy y los montes para distraerte entre plato y plato. Por cierto que en su web no se han enterado todavía del cambio. El interior sigue igual que en nuestra anterior visita: frío (no solo de temperatura, sino de decoración -o por la falta de ella-), con suelo de teca, cubierta de cristal y metal, y unas mamparas de cristal que lo separan de la otra mitad de la terraza que queda al aire libre. Aunque han reservado las espantosas sillas y mesas "de terraza" para la zona exterior, y en el interior han puesto algo más cómodo (aunque con mal acceso). Pero sigue fallando la ventilación, y llegan olores de la cocina. Carta de comidas correcta, como parece que se estila ahora: segundos poco variados, en contraste de los primeros que hay bastantes y con propuestas más originales. La carta de vinos, como siempre, amplia y con interesantes referencias. Nos decantamos por un Habla nº6, que no estaba malo, pero ha tenido mejores momentos. Además de dos ricos panes, nos sacaron un par de sabrosos aperitivos, de los cuales nos llamó la atención una Crema de purrusalda con naranja y tomate confitado, francamente sabrosa. En cambio el otro que era un Milhojas de foie y anguila aumada no nos convenció. Pedimos como siempre los platos para compartir, y los sacaron emplatados por separado, sin problemas. A buena velocidad, cosa nada de extrañar dada la poca gente que estábamos. Foie gras caliente acompañado de una crema ligera de pochas y cebolletas nuevas. Además de lo que decía (con unos ricos escalopitos de foie hechos a la plancha) tenía una buena cantidad de pochas y panceta en tacos frita, y la crema de las mismas te la servían por encima al momento. Las cebolletas nuevas habían sido sustituidas por cebollitas francesas. Curioso y original, pero no de lo que más nos gustó, pues las pochas y su crema podían con el foie. Arroz cremoso de almejas, tuétano y pulpo. Un plato sorprendente, con el arroz de un vivo tono verde, debido posiblemente a haberlo hecho con aceite de perejil. El tuétano era difícil de saber si estaba, en cambio las almejas habían sido sustituidas por berberechos (sin previo aviso, pero eso sí: estaban muy sabrosos), y el pulpo era un carpaccio puesto por encima. El conjunto nos encantó, por lo original y sabroso. Taco de bacalao con cama de txangurro a la donostiarra y su pil-pil. Buen taco, bien desalado, y justo de cocción (al vapor).Muy bien conjuntado (aunque el txangurro estaba un poco fuerte). Recomendable conjunción de platos clásicos. Solomillo asado a la brasa con terrina de patata y tocineta ibérica con mermelada de hongos. Aquí fué el desastre: ni era solomillo (parecía una pieza de lomo), ni estaba sangrante como pedimos, ni era a la brasa sino a la plancha. Y la mermelada de hongos había mutado en un picadillo de setas con mostaza incomible. Lo único salvable del plato la terrina de patata y tocineta. Nos arrepentimos de no haberlo devuelto. Solo nos amimamos con un postre, que tardaron 25 minutos en preparar (ya habían avisado desde el principio): Tarta de hojaldre y manzana. Era cara, pero realmente era una ración como para dos, de un riquísimo hojaldre con una manzana (una entera, posiblemente) fileteada encima, y una ligera crema entre medias. No nos convenció el helado de manzana verde que la acompañaba, pero aún así es un plato recomendable (lo dicho: para 2). Desde luego hemos comprobado que ha mejorado mucho la cocina del restaurante Beltz the Black, aunque con fallos importantes, que quedan compansados -en parte- por los aciertos, y sobre todo que ya no son raciones de hambre. Para ir, con reservas.
Julio/2008 Habíamos estado en el restaurante del Gran Hotel Domine Bilbao en otra ocasión, pero por diversas circunstancias no pusimos crítica, aunque nuestro recuerdo es que comimos bastante bien. Además de que el comedor está muy bien montado. Pero hemos vuelto -mal aconsejados- para comer en la terraza que habilitan en verano (cerrando el comedor habitual). Y, aparte de lo espantoso de las instalaciones, la comida ha dejado bastante que desear. Así que le pondremos una nota provisional a la espera de repetir en el comedor bueno. El día no acompañaba mucho, siendo julio estaba nublado y casi amenazando lluvia. Así que no era lo más adecuado estar en una terraza, aunque sólo habiliten la zona cubierta. Pero no se podía elegir. Lo que es impresentable -teniendo en cuenta la calidad del comedor "de verdad"- es que tengan esas instalaciones en una terraza de un hotel de 5 estrellas. En una cafetería para tomar un café o una copa puede valer, y las vistas están muy bien, pero esas mesas de terraza, pequeñas e inestables, y esas sillas de plástico totalmente incómodas no dan el nivel mínimo exigible en ningún sitio donde se pretenda comer. Por otro lado, a pesar de estar en medio de la terraza y casi al aire, cuando hacían algún pescado a la plancha (que estaba a más de 10 metros) llegaba un tufo insoportable. La carta de vinos es amplia, bien estructurada, pero con vinos "de nivel". Algo que parece que se lleva mucho ahora: poner vinos en general muy caros (no porque suban mucho -que igual lo hacen- sino porque son caros de por sí) de tal forma que hay que dejarse un dineral en los mismos, o elegir entre los 2 o 3 malos de rioja que tienen "para los pobres". Elegimos al final ("solo" 38€) un Finca Sandoval. Un vino estructurado, complejo y muy agradable. Pero que incomprensiblemente salió cálido, a pesar de asegurar el maitre que estaba en la cava a 16º. Debe haber una epidemia de cavas estropeadas... La carta es corta, demasiado, sobre todo en carnes, que costaba elegir 2 platos. Y sin propuestas muy atrayentes (aparte de "el producto", o sea: jamón, lomo, bonito...). Nos sacaron unos aperitivos que son de reseñar (aunque no solamos hacerlo) por lo poco que valían (más que para aprovechar para comer un poco de pan, que luego lo agradeceríamos). Empezamos la comida con unas Gambas rojas salteadas con cebolla asada y yogourt al curry. Las sirvieron emplatadas por separado, con la exageración de 2 gambas (pequeñas) para cada uno. Una pizca de cebolla confitada (no muy rica), y un hilillo de la salsa de yogourt. Además una cucharita de presentación con un helado no reconocido (la camarera dijo que era cuscús ¿?). No estaba malo, pero poca cantidad, con un intento fracasado de conjuntar los ingredientes. Después la Tempura de verduras de temporada. Eso ya lo habíamos probado la otra vez y nos gustó mucho. Por otra parte es recomendable de pedir ya que es el único plato en que ponen cantidad. Venían acompañadas con 3 salsas: romesco, tártara y de soja, ricas y que acompañaban bien a toda la gran variedad de verduras que había. La tempura estaba bien hecha aunque a algunas verduras les faltaba masa. La mayor pega es el bol tan pequeño donde las sacan, que están muy apiladas las verduras. Pero como digo una gran variedad de verduras, y sabrosas. Aquí viene a cuento el tema del tamaño de las mesas: para que entrase la fuente donde venía tuvimos que sacar nuestros platos de la mesa un buen trozo. Luego elegimos un pescado, ya que había tan pocas carnes. Pedimos Mero con gelée de espárragos y almejas. Venía también repartido en dos: una poca de espuma (sería el gelée), 2 almejas y algo así como 40 gramos de pescado, colocado sobre unas tiras de espárragos verdes y blancos. He visto pinchos con más cantidad de pescado!. Y cuando ya pensábamos que no se podía poner menos cantidad en un plato, nos sacaron el Carré de cordero en tres cocciones. Que sorprendentemente sólo vimos 2: unos minúsculos medallones (3, de 1/2 bocado) posiblemente confitados, y una tirita de falda asada. Debajo de los medallones había una especie de salteado de lechugas, prescindible. Y un poco de puré de calabaza para rematarlo (o sea, terminar de matarlo). De postre no nos atrevimos a pedir nada: entre lo escaso de la oferta (4 platos) y lo escaso que se suponía que pondrían... Salimos del restaurante hablando de dónde ir a cenar para quitar el hambre... Así que entre una cosa y otra, como comentábamos al principio, la experiencia fué fatal (y muy caro), pero tendremos que volver al comedor "oficial" para rehacer o confirmar nuestra opinión. (Damos por supuesto que tanto las cartas de comida y vinos como el servicio y el cocinero son los mismos. Si no es así cambiaremos el nombre al comentario)
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