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Cuando creamos esta página de internet fué por dos razones fundamentales: 1) Publicar nuestras recetas, no solo para compartirlas, sino para tenerlas a mano siempre, sin tener que bucear en el disco duro del PC. 2) Poder criticar aquellos sitios a los que vamos. Tanto para airear las faltas en que incurren muchos como para alabar los pocos que se portan realmente bien. Evidentemente el primer punto va en buen camino, con unas 100 recetas publicadas (a fecha de mayo-2008), y más en curso (que ya se nos van acabando las de toda la vida y sólo nos queda innovar e investigar). En cuanto al segundo, es en lo que me quiero centrar con este artículo.
Como dice la introducción de la portada, estamos bastante hartos de leer críticas de sitios hechas por críticos que (lo sabemos de primera mano) entran pomposamente en el restaurante diciendo "soy el crítico de tal revista o cual publicación, a ver qué me dan de comer". También estamos hartos de que -según a qué mesas- te haga la comida el último pinche que ha entrado o el chef en persona. De que te sirva el maitre y esté siempre atento a tus deseos, o por contra te toque el camarero que nunca está. Evidentemente haciendo distinciones basadas en algún criterio de selección de los clientes que pocas veces se corresponde con la realidad, más que cuando hay futura publicidad positiva por medio. Nosotros -como casi todo el mundo- vamos a los restaurantes sin pregones previos, como un cliente más, y -para más cruz- vestidos con vaqueros. Y muchas veces salgo convencido de que nos maltratan por esta vestimenta informal, y me queda la duda de si hubiera ido con traje y corbata el trato habría sido mejor. Aunque no voy a cambiar por eso... Porque lo que sí está claro es que hay muchos sitios (no todos, menos mal!) en donde hacen reverencias a los clientes conocidos o con muy buena facha e ignoran a los del montón, sobre todo si no parece que tengan mucha pasta. En los que sale el chef a hacer la "vuelta al ruedo" después de la comida y sospechosamente se salta algunas mesas. O que el maitre (o sumiller) aconseja y sirve el vino ...pero se olvida de hacerlo en mi mesa. Claro que en más de un sitio de este pelaje han empezado a interesarse por mí en el último momento... tristemente cuando ven que saco la Visa Oro para pagar :/ Está visto que hay mucho profesional que prefiere conservar a sus clientes habituales o conocidos, con tal torpeza que no entienden que ese nuevo cliente desconocido, si come bien y le tratan mejor, podría convertirse en un habitual. Y tampoco entienden que una mala atención puede correrse con el boca-a-oreja, o peor: salir reproducida en un medio tan extendido como es Internet y hacerse muy pública ...y entonces les duele. Claro que la contra bien que les gusta! Porque lo que estoy viendo con nuestras críticas a restaurantes es eso: de los que ponemos bien (que no son muchos, pero sí suficientes y destacables) se ven pocos comentarios añadidos. En cambio de los que nos quejamos (que tampoco son muchos, pero es por poderosas razones) llegan bastantes contra-comentarios poniéndolos bien. Incluso de gente que nunca ha comido en el mismo. Incluso comentando sólo de la decoración, que no de la comida en absoluto. Y qué casualidad: muchso de ellos llaman por su nombre al dueño y/o al cocinero (cuando yo casi nunca lo sé). ¿Será que cuando una web sale en primera página del Google cuando se busca por un restaurante, y pone una baja nota al mismo, les duele a los responsables del mismo? ¿Y buscan a amigos que contradigan dicha opinión? No es que sea muy mal pensado, pero las pistas son bastantes... y no hay que bucear mucho para pillar la ligazón entre el autor del comentario y el restaurante. Como dice el título del artículo, todavía no me pagan por hacer las críticas. Pero -por contra- sí que me cobran por comer mal, curiosamente lo mismo que a los que comen bien y les tratan como a señores. Y contra esto voy: mi cruzada es porque mejore la atención a los clientes. Porque en todos los sitios traten a todos los clientes igual, y les hagan la comida con el mismo mimo. Porque van a pagar lo mismo. Que si los amigos o críticos gastronómicos pagasen más entendería la diferencia de trato, o si según te haga la comida el pinche o el chef titular te cobren diferente... Concluyo que si algun dueño de restaurante está dolido por mis críticas, la mejor manera de contrarrestarlas es invitarme a comer y demostrarme que son equivocadas. Al fin y al cabo ya pagué en su día en demasía por una mala comida y un mal rato. A cambio me comprometo a incluir el relato de la nueva experiencia (diciendo que he sido invitado) en su epígrafe... saliera como saliese. Que no estamos hablando de que me paguen, que nunca lo aceptaría, pues entonces sí que estaría obligado a ponerle bien ;P nota posterior: Precisamente por todo lo dicho en este artículo al cabo de unos meses hemos quitado los comentarios y la posibilidad de ponerlos, y es que era escandaloso. Pero si alguien quiere contactarnos (para cualquier tipo de comentario) tiene a la derecha nuestros emails. Aunque claro, si no salen públicos ya sé que no les va a interesar...
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