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Esta semana hemos vuelto de nuestras vacaciones: 15 merecidos días de desconexión y relajación (que no de descanso) en Turquía. Incluido un circuito en autobús de 9 días visitando bastantes lugares de la zona centro y oeste (aunque no todos, que Turquía es muy grande y en un mes no se podría ver entera). La experiencia gastronómica no ha sido muy extensa, pero aún así hemos probado bastantes platos, y por supuesto traído algunos recuerdos... (mayormente en forma de varios tipos de especias). Pero las visitas y compras de otras cosas han merecido realmente la pena.
la bebida El mayor problema en Turquía es el tema del alcohol: se supone que los musulmanes no lo beben, pero realmente lo hacen, y algunos mucho. Aunque en los alrededores de las mezquitas -e incluso en algunos pueblos- es imposible encontrar nada con alcohol. La cerveza local es bastante pasable, y la tienen tanto en barril como en botellín de 1/3 o 1/2 litro. La cobran cara, sobre todo en restaurantes, pero es lo más socorrido a la hora de comer. Porque el caso es que el vino de importación es carísimo, y el local no está muy allá y es caro: 35 liras turcas (unos 20 euros) costaba una botella de un blanco regularcejo que probamos un día. Otro día fué un tinto clarucho por 32 liras. Y ya no hablemos de los licores... que los gintonics son un lujo. Pero hasta el licor nacional (el raki, una especie de anisado muy similar al Pastís que se bebe mezclado con agua) es relativamente caro. la comida En cuanto a las comidas, nosotros esperábamos cosas más especiadas, pero no lo son tanto. El picante lo usan bastante, y suelen tener chile molido (no en polvo) para añadir a los platos. También se usa mucho la guindilla verde cruda picada en aros en bastantes platos. De curry no hemos visto nada (y la verdad es que tampoco es una especia particular de allá, sino más de la India, aunque esperábamos verla), pero la verdad es que parece que más que las cosas de salsa les van las verduras. Una cosa muy vista es la ensalada de pepino y tomate (por cierto muy ricos ambos, y el pepino no repite), y -al igual que otras- con cantidades enormes de perejil. Aunque las cosas más típicas son los entremeses (mezes) que suelen ser ensaladas variadas de distintas verduras y pastas extrañas con yogur o purés de berengena o similar. Muy interesantes las hojas de parra rellenas de arroz, que con su condimento de especias y piñones tienen un sabor muy parecido a algunas morcillas de aquí (aunque no llevan sangre, claro). Hablando de berengena, la usan para todo, desde entrantes a rellenas de carne o en guisos o incluso brochetas con carne picada intercalada. Es curioso lo de la carne picada, pues también se ven bastantes platos de una especie de albóndigas alargadas, ¡hasta hechas a la brasa! Por supuesto está el kebab, omnipresente en las calles, aunque más ausente en restaurantes. De cordero o de pollo, y siempre acompañado de verduras frescas. También a orillas del bósforo son típicos los puestos de pescado, incluso algunos instalados a bordo de barcas que los hacen a la plancha y los venden en bocadillo. Y los postres sí que son un tema aparte: casi siempre muy empalagosos, empapados en almibar o miel. Demasiado para lo que nos gusta a nosotros, aunque el arroz con leche a su estilo (muy pasado, casi ni se nota el arroz) está bien, y sobre todo el Baklava, una especie de milhojas de pasta más dura que la de aquí, cortado en dos mitades con un relleno de especias y frutos secos, y la mitad inferior ligeramente empapada en almibar. las compras Estando en Estambul sería un pecado no visitar el Gran Bazar, con sus miles de tiendas, donde hasta el más recalcitrante aprende a regatear. Todo tipo de tiendas, cientos de joyerías, ropa, alfombras, bolsos, juegos de ajedrez o backgammon... se pueden pasar varios días deambulando por él y por los alrededores y regateando con los vendedores (muchos de los cuales hablan español). Por cierto, que si nos ofrecen algo muy barato fijo que es una imitación: desde bolsos, camisetas o jerseis hasta colonias. Las hay a un precio realmente increíble, y aunque no sean auténticas pueden merecer la pena... si sabemos regatear ;) Y si bajamos un poco hacia el mar nos topamos con el pequeño (pero repleto de olor y colorido) Bazar de las Especias. Desde variados tipos de té a especias más o menos originales (vaya montones de azafrán que tienen!) pasando por dulces empalagosos de esos que tanto les gustan... Aparte de Estambul hemos visitado en distintas zonas lugares de artesanía, donde te enseñan como hacen las cosas y luego te las venden. Lo mismo prendas de piel que alfombras que alfarería o joyería. Nuestra impresión es que en general son comercios atrapa-turistas, y con precios más altos de los que se puede encontrar en el Gran Bazar, por mucha garantía oficial que digan que dan. Tema aparte son las tiendas que puedas encontrar por los pueblos, que ahí sí que puede ser interesante comprar. para visitar... Sería interminable una relación de los sitios a visitar en Estambul y el resto de Turquía, así que mejor visitar esta web especializada al efecto ;) En Estambul hay cientos de mezquitas muy bonitas para ver (eso sí: descalzos y con la cabeza cubierta las mujeres). La famosa iglesia de Santa Sofía nos defraudó totalmente, pero los palacios de Topkapi y Dolmabahçe merecen la pena. Y por supuesto subir a la torre de Gálata. En la costa del Egeo hemos visto muchas ruinas arqueológicas, mejor o peor conservadas. Perfecto para quien guste de esas cosas... aunque no es lo nuestro. Lo que sí merecen la pena teniendo tiempo son todos los pueblos de pescadores, aún los más turísticos. Pero lo que más nos ha gustado y recomendamos vivamente es la Capadocia. A ser posible yendo por tu cuenta (hay aviones regulares desde Estambul, o incluso desde Madrid) y alquilando un coche allí, que es lo que pensamos hacer la próxima vez. Los paisajes y los diferentes sitios son impresionantes, y no es un punto único como otros, sino una gran superficie a visitar, que requiere varios días.
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