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No es la primera vez que repetimos en este restaurante, aunque la anterior fué a los pocos meses de la primera y no pusimos ningún comentario pues fué todo parecido. Volvimos en nuestra semana de vacaciones gastronómicas porque habíamos tenido varios comentarios malos sobre el restaurante, para ver in situ el tema. Y la verdad es que hemos salido igual de contentos que el primer día. Seguimos recomendando el lugar y destacando su relación calidad/precio (aunque haya bajado un poco, sobre todo en los vinos y controlando las cosas de "fuera de carta"). --- RESTAURANTE CERRADO EN ENERO/2011 ---
Junio/2008 El local está igual, así que en esto y en la carta de comida no nos repetimos. Solamente apuntar que han renovado bastante la carta de vinos y han subido los precios, a un nivel más en la línea de otros sitios (antes estaban bastante bajos). El maitre nos dijo que era el tercero que pasaba por el local, así que quizás a eso se deban los altibajos que ha tenido. Actualmente desde luego como ya he dicho no hay ninguna queja tanto en las materias primas, la cocina o el servicio. Para beber pedimos un vino "extraño" de Cuenca: Pago del Vicario. Un vino curioso, a muy buen precio, y que sin ser de mucha altura nos pareció agradable y diferente. De primero (repetimos sin acordarnos) pedimos una Ensalada de Bacalao, francamente rica. El bacalao laminado con una base de láminas de patata, hongos, cebolla confitada. Y por encima una salsa de piperrada con vinagreta. Algo francamente "gustoso" y original, bien conjuntado y en cantidad maja. El maitre nos aconsejó, entre los platos "fuera de carta" un Cochinillo confitado con jugo de naranja. Nos llamó la atencón y lo pedimos: estaba muy rico y era abundante, además de original. Con una salsa con el toque justo a naranja pero sin empalagar. Sólo hubo un "pequeño" problema: en la cuenta nos combraron casi el doble que cualquier otro plato de la carta. Una pasada y un tema a controlar. También comimos la clásica Terrina de manitas de cerdo con salsa vizcaina. Como siempre muy ricas: una tarrina de manitas deshuesadas, cortada en rodajas y rebozada, y finalmente puesta en una salsa vizcaína contundente y sabrosa. Algo para disfrutar sin problemas. De postre un Arroz con leche con azúcar caramelizado y gelatina de limón. Curioso maridaje del dulce del arroz con una gelatina francamente ácida, pero que contrastaba y complementaba muy bien el plato. Como decimos, nos gusta el sitio lo suficiente, teniendo en cuenta el precio (importante: los precios de la carta son -cosa rara- IVA incluido), la calidad, y la cantidad, como para poder recomendarlo. Eso sí: no hay que pedir cosas fuera de carta pues tendremos asegurado al menos un 50% de sobreprecio. Pero volveremos (cuando nuestros múltiples compromisos nos dejen un hueco). Julio/2007 Por una vez tenemos una primicia: un restaurante recién inaugurado el día anterior, al que fuimos con confianza pues los otros locales puestos por sus dueños (la saga de los "huevos") son totalmente recomendables. El local está puesto con gusto, y aparte de la carta (no muy extensa, ni falta que hace) con recetas medio-modernas, tienen otra de "picoteo" o raciones más clásicas (y aparte del clásico embutido, las elaboradas son bastante conocidas por los habituales a sus bares). La carta de vinos que tienen no es grande, pero sí variada: unos cuantos vinos de rioja pero también los suficientes de otras denominaciones como para darse algún gusto de vez en cuando y variar. Además con una buena relación calidad/precio. Al fondo del local se ve la cristalera que cierra la bodega climatizada donde los guardan. Pedimos un Emilio Moro del 2004, pleno de aromas (pizarra, frutas rojas maduras) y persistente, con cuerpo y bastante grado, pero fácil de beber. Para comenzar, aconsejados por el maître comimos una Ensalada de Bacalao con setas de temporada y cebolla confitada: sabrosa, muy bien conjuntado el bacalao con unas láminas de setas (que creo que no eran frescas sino escabechadas) y la cebolla, todo ello sobre sus lechugas. Francamente bien resuelto (en la foto 1/2 ración ya repartida). Después un Rape a la plancha sobre una cama de patatas panadera. En su punto exacto de hechura, y con un ligero refrito que no mataba nada el sabor del pescado. No era exactamente lo que decía la carta, pero es lo que sirvieron :S Para continuar la Presa ibérica al gusto. Que para nuestra sorpresa no era a la plancha sino (digamos) cocida, y con una salsa napándola. Tierna, con pleno sabor a la carne y sorprendente por lo diferente. Ciertamente interesante. De postre lo que llaman Baldosín de Bilbao, una especie de bizcocho con una mousse y la forma de las baldosas de Bilbao acompañado de helado, y que tuvo diferente acogida por nosotros, para mí lo más flojo de la comida pero a Henar le gustó. Terminamos la cena muy a gusto (con una copita de un sorprendente vino dulce con sabor a naranja al que nos invitaron). Las raciones fueron grandes, y los precios normales (para ser Bilbao), viéndose una buena mano en la cocina. Se notaba el típico ligero despiste de un sitio recién abierto, pero quedaron ganas de repetir.
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