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Está en un entorno muy bonito de Bilbao, más arriba de Begoña, casi en Archanda, lo que le hace tener unas vistas preciosas (si es que una vista sobre Bilbao puede ser preciosa). El local es un caserío reformado con muy buen gusto y logradísimo para mí, ya que da sensación de acogedor, por su distribución y decoración. Si tuviesen carta, y no hubieran tenido el fallo imperdonable de sacar una carne primero achicharrada y luego descongelada, su nota podría haber subido bastante.
Restaurante Kate Zaharra Zabalbide, 221 (Ctra. Sto. Domingo) Bilbao telefono: 946.461.347 | |
Marzo/2007 A la hora de entrar te encuentras un poco perdido ya que no sabes que hacer o donde dirigirte, cuando ya nos piden el nombre pues teníamos reserva, nos dicen que vayamos a la zona de abajo y cual es la sorpresa que no hay mesas con manteles, una persona cortando jamón y algunos comiendo eso, jamón y bebiendo vino. Nadie nos hace caso hasta que un camarero nos explica que esa es la bodeguilla, por si queremos tomar un vino o picar algo antes de comer :( pues como que no, que queríamos comer directamente! Volvemos a empezar, subimos y ya nos mandan al restaurante y cual es la sorpresa que en un sitio tan grande con unos cuantos comedores al pedir zona de no fumadores nos dicen que no tienen que en todos se fuma :( es incomprensible pero es lo que había. Continuamos y sorprendentemente no tienen carta, es el típico sitio que cantan lo que tienen, cosa que me desagrada mucho ya que no te da tiempo a estudiar con detenimiento lo que te apetece, y además te pueden ofrecer lo que quiere, y te quedas sin idea de lo que puede costar cada cosa. Otra cosa a resignarse. Para beber teníamos dudas, pues la carta de vinos era bastante extensa pero con vinos de bastante precio, y pidiendo consejo nos sacaron un Mauro del 2004 realmente rico, que acompañó genial la comida. De primero pedimos unos Txipirones frescos encebollados. Que estaban francamente ricos con muchisimo sabor y agradablemente en su punto, acompañados de una cebolla rica, no demasiado hecha y algo dulzona. Continuamos con Calabacín relleno de setas y salsa al foie. Los sirven en trozos rebozados que estaban buenos, aunque algún trozo en exceso cocido y otros mas duritos y estos eran los mejores. El relleno un poco flojo pero la salsa muy sabrosa. Podrá haber estado más caliente. De segundo, como no teníamos posibilidad de comer un pescado solo para uno, de no ser merluza o rape que no es lo que nos apetecía, y el resto tenia que ser para mas personas (rodaballo para 5...), optamos por carne. Y como también queríamos probar algún plato de carne a la brasa pero no una chuleta, solo nos quedaba la opción de Solomillo a la brasa ya que no tenían nada mas, ademas también pedimos Rabo Guisado. Al pedirlo nos aconsejan que primero el solomillo y después el rabo, ya que como siempre todo lo queríamos para compartir y la propuesta de sacárnoslo así nos parece muy bien. Al sacarnos el Solomillo lo tuvimos que mandar atrás, ya que estaba muy muy hecho y como recocido, nos lo retiran y esperamos que nos saquen de nuevo otro, pero al de un rato un camarero nos dice que lo están atemperando ¿?¿? no entendíamos nada pero al poco nos traen el rabo y nos dicen que mejor comemos ese plato primero y luego el solomillo. Así pues que comemos el rabo, que estaba tibio y hubiese estado rico si los trozos hubiesen estado parecidos, pero unos en su punto de hechos y otros durísimos, incomprensible que no cuiden ese detalle. Aunque de sabor muy bueno. Al fin nos traen el solomillo prácticamente crudo, frío y sin una gota de sangre cosa rara, y con poquisimo sabor. Después de empezar a comerlo y viendo el centro tan crudo, y las esquinas que las tenia como recocidas, sacamos la conclusión que era congelado y mal descongelado en microondas, por eso lo de "atemperar" :( otra cosa incomprensible. E imperdonable. De postre pedimos una Tostada sobre Natillas que estaba para mi gusto en exceso dulce, pero se puede decir que era un plato correcto. La cuenta fué la última sorpresa, pues nos pareció demasiado para lo que comimos (salvo el vino, que fué caro, pero con poco recargo sobre su precio en tienda). La verdad es que nos dejó muy sorprendidos, pues en ningún momento pensamos que podía subir tanto. Con lo cual -y contando con el fiasco del solomillo- difícil que volvamos.
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