|
Después de muchos comentarios favorables sobre éste sitio, tanto en ésta página como de amigos, nos decidimos a volver a comer. Nos ha costado porque no nos fiábamos, pero también porque hay muchos sitios buenos por descubrir aún... La cuestión se que volvimos, lo intentamos, y salimos de nuevo del Horma Ondo a disgusto con la comida y mosqueados con más de una cosa. Así que mantenemos nuestra baja nota y ya casi seguro que no volvamos.
Asador Horma Ondo campo de golf de Artxanda Larrabetzu (Vizcaya) telefono: 946.565.700 | |
Junio/2008 El sitio -quizás por llevar ya algún tiempo funcionando, y además ser verano en vez de invierno- estaba más agradable que la primera vez. Lo cual no quiere decir que nos guste su decoración, eso a cada uno le irá o no según sus gustos. Esta vez el jefe estuvo bien de atención, hasta se permitió alguna palmadita en la espalda :S Lástima de camareras... El pan nos sorprendió por lo duro. Rústico y sabroso, pero como una piedra. La carta de vinos está bien, sin excesos, aunque para mí es una pena que de blancos tengan casi exclusivamente fermentados en barrica, que habrá a quien le gusten más, pero a otros nos gustan más vinos jóvenes frescos y frutales. En fin, pedimos un Guitián fermentado en barrica, que nos pareció corto de sabor (el que habíamos bebido la semana anterior -que no lo era- nos pareció más sabroso). Curioso el detalle de la camarera: envinó los dos vasos con el vino, pero después de todo el paripé, no nos lo dió a probar (?). De primero pedimos una Ensalada de bacalao templado con vinagreta de porrusalda, que destacablemente sacaron repartida. Estaba rica, pero el bacalao estaba raro, como pastoso (quizás poco hecho), y sin deslaminarse. Y para mi gusto le faltaba (que es lo más barato) más verde. Luego dos raciones de Huevo de caserío escalfado con pimientos y puré de patata frita. Lástima que uno de los huevos saliera muy crudo y chafase el plato. El puré de patata (una cucharada) estaba rico, y la muestra (2 tiritas) de pimiento pues para gustos: a uno le gustó y a otro no. La cuestión es que el precio parecía relativamente barato (7,60€ cada), pero si lo piensas bien fué caro, pues la cantidad era como 1/2 ración (escasa) para cada uno, y de un producto bien barato y sin lujos de guarnición... De segundo pasó como la otra vez. ¿Será que sólo se puede ir a comer chuleta a la brasa a ese sitio? De pescado tenían merluza y alguna cosilla, rodaballo para 4, y solamente nos atrajo el rape. Así que pedimos Rape negro a la brasa. Que salió blando, poco hecho, sin sabor a brasa (ni a rape). Menos mal que con un refrito suave que no lo destrozaba más. A mí me dió la impresión de que estaba marcado en la brasa y luego terminado al horno de vapor. Cosa que me desmintió el dueño. Pero eso: poco hecho, y frío, cosa que no sorprende cuando vimos que lo sacan de la parrilla a una fuente fría, y luego de esa fuente lo limpian y lo sirven en sendos platos también fríos. Pero lo peor del rape no fué solo eso: fué que al traer la cuenta nos cobraron 1,7Kg de rape. Donde se ha visto! para dos personas esa cantidad!! Así que encima salió muy caro... De postre, como nos habíamos quedado con ganas de comer algo, y los platos de cocina no nos atraían (y además recordábamos el engaño del que pedimos la otra vez) pedimos un Queso de Idiazabal con membrillo de manzana (sic), que sorpresivamente fué una ración maja, con un queso muy rico y un "dulce de manzana" también sabroso. Por cierto que hay que ver como está el servicio: la camarera -sin retirarnos el segundo plato- nos plantó encima de la mesa las cartas de postres, sin preguntar siquiera si lo íbamos a tomar (ni retirar los platos, ya digo). En fin, que terminamos como digo a disgusto, con la sensación de haber sido timados con el rape, y no habiendo comido bien. Seguiremos desaconsejando el sitio. Febrero/2007 Este restaurante -muy bien puntuado en las guías- estaba hasta hace poco en Amorebieta, pero se trasladó la semana pasada a Artxanda, dentro de las instalaciones del nuevo campo de golf ahí ubicado. Nunca habíamos ido al antiguo, dado que no nos gusta comer lejos de casa salvo que vayamos a pasar el día, pero éste ya está a una distancia más corta y pensamos que merecía la pena el paseo en coche. En contra de todo lo que habíamos oído hasta ahora, la cocina no se distingue precisamente por la calidad de la materia prima, que nos ha parecido bastante justa. Pero es que el resto de detalles también le bajan la nota. Ante todo el sitio: un caserío restaurado con una decoración de bastante mal gusto, techos altísimos de los que colgaban unas lamparas de "diseño". Y frío... muy frío! ¿será que no les funcionaba la calefacción? Por cierto: parecía que no existía zona de no fumadores, pues ni nos preguntaron si lo eramos o no... pero debe ser para no ocupar otro saloncito que lo destinan a esos "degenerados" sin humo. Además está lejos, parece que nunca vayas a llegar, de lo "enterrado" que está dentro de las lejanas instalaciones del campo de golf. Eso sí: bonitas vistas, si te toca cerca de la ventana :S Luego voy a hablar un poco del servicio: pocas veces me han atendido tan mal. Desde el dueño que tardó un buen rato en dignarse a acercarse a darnos al carta (en todo fueron lentos: el primer plato nos lo sirvieron 45 minutos después de sentanos), que no nos sirvió el vino (cuando a todo el mundo lo servía él) y encima metió la pata aconsejándonos un vino que luego nos dijo la camarera que no tenían... hasta las camareras, que cuando les pedías algo (un cubierto, la sal) en vez de atenderte rápidamente le pasaban el pedido a cualquier compañero con el que se cruzasen, con la consiguiente espera. Finalmente -antes de detallar los platos- la cocina: calidad de la materia prima muy justa. Elaboraciones simplonas con guarniciones inexistentes y/o entremezcladas y/o que no pegaban. Y sobre todo falta de sabores naturales de los productos. Como añadido, todo con poquísima sal (una cosa es que esté salado y otra es que haya que echar sal a todos los platos!, y por cierto vaya cutrez de salero que nos dieron!). Pedimos para beber un txakolí Gorrondona fermentado en barrica que estaba bastante bueno: aromátrico, complejo y glicérico, aunque inicialmente se hacía un poco duro, luego acompañó muy bien a los platos. De primero pedimos su famoso Foie de pato a la brasa. Una pena que el foie no tuviesa gran sabor, con lo cual el aroma ahumado de la brasa le podía completamente. Además estaba requemado por fuera y crudo por dentro. Vamos: peor que cualquiera que hayamos probado a la plancha. Menos mal que al menos pusieron pan tostado caliente para acompañarlo. Por cierto en la carta hablaba de las salsas de la guarnición... que estaba tirada y amontonada e irreconocible. A continuación -para que no fuera todo brasa- un Beguiaundi en su tinta con setas. La ración muy escasa (sobre todo para su precio) y las setas perdidas sobre la salsa no le aportaban nada, al contrario: no pegaban. Además aunque la elaboración era correcta, estaba escaso de sabor al calamar y a la salsa. Luego, dado que prácticamente no había pescados de los que se pudiera pedir solo una ración (eran casi todos "por piezas"), tuvimos que pedir Mero a la brasa (las alternativas eran merluza o lenguado). La ración que nos sacaron era grande (ningún mérito, dado que lo cobran al peso), pero era una colita de un pez que se adivinaba pequeño: todo lo contrario de lo que esperas de un mero. De nuevo escaso de sabor, pero al menos llevaba un refrito suave que no lo mataba. De postre pedimos algo que anunciaban como elaborado: Brownie de nueces. Curiosamente era un trozo de una tarta, muy sabrosa pero reseca, que menos mal que venía acompañado de una gran cantidad de una espuma de nata, que lo hacía tragable. El precio final no fué muy alto (aunque haya platos de precio desmesurado, como el beguiaundi o el postre), quizás sea eso el motivo de su éxito.
|