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Iniciamos la crónica nuestras excursiones gastronómicas de verano con este restaurante. El mejor calificado hasta ahora de nuestra página (que sólo lleva un año en funcionamiento, y por tanto contiene de momento las críticas de los restaurantes visitados durante los últimos 12 meses). El sitio sigue estando muy bien, y la comida excelente, pero ha bajado nota por un par de detalles, el más flagrante de los cuales es el mal servicio (90% extranjeros con poca experiencia, y a muchos de los cuales no se les entiende claramente cuando hablan).
Julio/2008 Anotamos nuestra última visita. Para no sobrecargar la página diremos que todo ha sido estupendo, una comida sobresaliente, y el servicio ha mejorado notablemente, así que le subimos la nota que perdió la última vez.
Julio/2007 En esta ocasión nos decidimos por tomar un menú degustación, pues la mayoría de los platos que habíamos elegido venían en el mismo (y uno nos lo cambiaron a nuestro gusto). Gran error, pues difícil es que por raciones pidamos 7 platos (normalmente de 5 no pasan), por lo que no solo salió más cara la comida sino que terminamos a reventar (al menos eso hay que detallar: las raciones de dicho menú están muy bien). Para beber, después de visitar la bodega, nos decantamos por un Mauro. Ya lo conocíamos y nos apetecía darnos ese gustazo: es un vino con muchísimo cuerpo y aromas profundos. Para disfrutar. Como siempre los detalles de los aceites y el aperitivo no faltaron. Pero parece que ahora en vez de panecillos de diversas variedades te ofrecen pan de barra a cortar. También variados, pero no tiene nada que ver con unos panecillos pequeños (sobre todo para quien le guste más la corteza, como a nosotros). Detallo a continuación los platos del menú (del cual por cierto nos dieron una copia luego): Gazpacho con masera y sorbete de tomate al jengibre: muy rico, refrescante y original. Ensalada tibia de vieiras, gambas, percebes y erizos de mar: en el plato casi solo se veían dos enormes vieiras, que eclipsaban lo demás. Hechas a la plancha muy poco, era una conjunción de sabores marinos muy impactante. Arroz con cachón y langostinos en témpura al fino ali-oli: El arroz (negro) rico, los langostinos no aportaban gran cosa, y el ali-oli (que venía aparte en salsera) lo probamos y pasamos de él. Ventresca de Bonito escabechada (este es el plato que sustituimos, por lo que no puedo poner el nombre completo): francamente rico y original. Paletilla de cordero lechal asada, con cous cous y ciruelas rellenas en su jugo: Muy rico, aunque escaso de salsa. Las ciruelas exquisitas. Brownie con helado de ciruela claudia y salsa de pera a la vainilla: Realmente un pastel de esos semilíquidos (o más bien un poco cuajado por fuera) servido en tarrina, con los acompañamientos aparte. Muy rico el chocolate. Helado de Whisky con uvas efervescentes: extraño invento que además de ser el último y nos pilló ya llenos no parecía que aportase gran cosa. Tomamos además un café (como siempre molido y preparado delante nuestro, pero esta vez por una sudamericana a la que no se le entendía nada), y dos chupitos de orujo.
Diciembre/2006 Uno de los sitios en que más a gusto hemos comido en los últimos tiempos. El problema es que hay que irse a Santander para disfrutar de él, pero bien merece el paseo. Calificado por alguna guía como el mejor de la ciudad, en un local amplio y muy bien llevado, cada detalle está pensado para hacer disfrutar al cliente, y la verdad es que -sin que te agobien en absoluto- puedes terminar abrumado de tanta cosa. Me explayaré un poco más de lo acostumbrado pues el restaurante ciertamente lo merece. El restaurante está situado a unos 200 metros del puerto chico, y ocupa los bajos de una casa accediendose por una plaza ajardinada. La decoración está supercuidada: moderna pero no minimalista, ni recargada. Quizás un poco escasa de iluminación según zonas, pero muy agradable. Las mesas son tamaño familiar (las de 2) pero aún así nos ofrecieron pasar a una más grande si queríamos cambiar de zona (!). Además todas tienen su mesa auxiliar pegando, y están ampliamente separadas de las demás. A la hora de elegir el vino pedimos consejo, y el maitre nos llevó a la bonita bodega que tienen de "exposición" con más de 300 referencias (bien a la vista y cada una con su precio bien legible). Nos aconsejó un Manzaneque Finca Elez mi selección del 2001 ...y dió un patinazo (perdonable?): anque no ponía nada sobre el tipo de uva dijo que era Shiraz. Nosotros al probarlo le comentamos que no nos lo parecía, pero insisitió. Al llegar a casa lo comprobamos y es un coupage de Cabernet Sauvignon con Merlot y Tempranillo. En fin: suspenso como sumiller ...aunque el vino estaba riquísimo (y muy bien de precio!). Tonos de pizarra, con mucho cuerpo, y aromas profundos y gran persistencia, muy apropiado para la comida que habíamos elegido. Salvando esta pequeña anécdota, la primera sorpresa del sitio es cuando te invitan a una copa de champagne ... y cuando dicen champagne es porque es Moet Chandom. A continuación como no puede ser menos (aunque en algunos sitios de supuesto postín te den pan de media cocción hecho de cualquier manera) tienes 4 o 5 clases distintas de panecillos para elegir. Luego, para abrir boca, un aperitivo -que invita la casa también- con 3 detalles distintos y ricos. Pero no se acaba ahí la cosa... antes de empezar con lo que has pedido todavía tienes la oportunidad de entretenerte con una degustación de 5 aceites diferentes, que sacan en pequeñas aceiteras acompañado de una carta donde explican sus variedades, orígenes y demás detalles de cata. Como todo esto nos lo sabíamos, pedimos de primero solo un plato para compartir: un Carpaccio de cordero y foie, francamente rico, una buena combinación de sabores y cantidad apreciable (aunque algo menos que otras veces, que ya lo habíamos comido con anterioridad). En ésta ocasión nos pareció un poco soso... así que pedimos sal. Y nueva sorpresa: sacaron una bandeja con 4 cuencos de sales de "gourmet" diferentes, a saber: Maldon, rosa del Himalaya, una flor de sal francesa (de Camarge, creo) y una ahumada muy rica. Lástima no haberlo sabido antes! De segundo comimos un Lomo de venado con foie, muy rico de sabor y con un buen tocho de foie, aunque la salsa que acompañaba era demasiado escasa para nuestro gusto. Y también una Perdiz con setas muy sabrosa, con la pechuga hecha a la plancha muy poquito, y las patas como confitadas, riquísimas. Al postre otras veces no habíamos llegado, pero esta vez cayeron dos a cual más exquisito: Pastel de turrón y Torrija de arroz con leche, sobre todo este último una pasada! FInalmente una copita de un orujo de la tierra de hierbas, y un café molido y preparado delante nuestro, elegido entre 5 o 6 variedades distinas que tenían en su correspondiente carrito. El precio final no es muy alto, al contrario que en Bilbao que los "buenos" te atracan solo por entrar, y si sumamos a ello todas las cosas a las que te invitan veremos que casi hasta sale barato (mención especial a los vinos). En fin: como decíamos al principio un sitio para disfrutar y para volver (y para aconsejar sin dudas!). | |
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